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Historia de AEPES

La ASOCIACION ESPAÑOLA DEL PERRO DE SANGRE  (AEPES) fue fundada en el año 2008, gracias al esfuerzo y empeño de un pionero del rastreo en España, Álvaro García Matéu, que a su vez se rodeó de socios entusiastas como Gerardo Pajares Bernaldo de Quirós y Herminio Baldó.  Ellos fueron los fundadores de esta Asociación y gracias a su trabajo y dedicación realizada desinteresadamente durante su etapa al frente de la Asociación, llevaron a cabo una labor encomiable para que el rastreo de animales heridos con perros de sangre en España sea hoy en día más conocido.

Posteriormente se unieron otros socios como, Félix Peláez, Santiago Segovia, Rubén González Álvarez y muchos otros anónimos que es imposible enumerar, pero de los que conservamos un excelente recuerdo que con su ayuda y colaboración hicieron que, esta Asociación cuente hoy en día con más de 350 socios distribuidos por la práctica totalidad de nuestra geografía  e incluso en otros países

Entre todos aquellos socios lograron situar la actividad del rastreo con perros de sangre en la venatoria española.

No nos podemos olvidar, de la Union Nationale pour l’Utilisation de Chiens de Rouge (UNUCR), que a través de la colaboración de Jean-Guy Gendras ha estado siempre ayudando y enseñando a todos los miembros de AEPES, en cualquier cosa que se les ha demandado.

Todos somos conscientes que queda mucho trabajo por hacer, para podernos comparar con los países de Centroeuropa, donde no se entiende la caza mayor, sin tener en cuenta un perro de sangre.

El objetivo, de los fundadores de AEPES fue promocionar el rastreo con perros de sangre en la búsqueda de animales de caza mayor heridos, como contribución a una forma de entender la caza en la que se valoran los aspectos éticos y tradicionales de esta actividad, así como el respeto a los animales abatidos.

La filosofía del rastreo de reses heridas no tiene como único objetivo la recuperación del trofeo. Es igualmente importante la posibilidad de evitar la muerte lenta y carente de sentido de un animal.

El rastreo con perros de sangre cobra además una nueva dimensión como forma de entender una caza “ética”, en la que el cazador ponga todos los medios para cobrar la pieza no solo por el valor de su trofeo, sino también por darle un sentido a la muerte del animal.

“La acción de caza no termina con el disparo, sino con el cobro de la pieza”